En un mundo donde cada día se publican miles de titulares, el trabajo de un gabinete de prensa se parece cada vez menos a hacer ruido y más a saber cuándo, de verdad, vale la pena hablar. Y no, no siempre lo vale. Porque ya no queremos generar impactos, sino construir relevancia.
Hoy, la información es tan abundante que hemos derivado en saturación informativa. La atención, en cambio, es escasa. Como gabinete de prensa, esto nos obliga a afinar mucho más el criterio informativo. Ya no basta con explicar cosas; hay que explicarlas bien y, sobretodo, explicar solo aquellas que tienen sentido, que son noticia fuera de la propia organización. Hace falta una mirada estratégica orientada a obtener resultados reales.
Los periodistas reciben decenas —¡centenares!— de notas de prensa cada día. Y nos tenemos que preguntar: "¿por qué esto que enviamos les debería interesar?". Seamos honestos: no todo es noticia. Y asumirlo no es una debilidad, es madurez comunicativa. De hecho, uno de los activos más valiosos d’un gabinete de prensa es la credibilidad y la capacidad de decir "esto, mejor no enviarlo".
El filtro: un trabajo invisible (e imprescindible)
Hay una parte de nuestro trabajo que no se ve, pero que es muy importante. Descartar. Filtrar. Priorizar. Decidir qué no saldrá nunca de un documento interno. Y, después, con todo aquello que pasa el corte, trabajarlo con visión periodística. ¿Qué aporta? ¿A quién interesa? ¿Cuál es el contexto? La nota de prensa deja de ser un ejercicio corporativo para convertirse en una pieza informativa: clara, directa, sin artificios y orientada a buscar el interés del medio y, ¡claro!, de los receptores finales.
Un pequeño secreto: los periodistas detectan el tono promocional en la primera línea. Y eso es sinónimo de "paso, otra". Forzar la máquina con contenidos promocionales y poco relevantes no solo es ineficiente, sino que erosiona nuestra relación con los medios.
Personas, no bases de datos
Ahora bien, aunque tengamos una buena historia, no es garantía de nada si no sabemos a quién se la estamos vendiendo. Las bases de datos son útiles, sí, pero la diferencia está en las relaciones personales.
Pongámonos en la piel del periodista: ¿preferimos recibir un correo genérico o una propuesta pensada para nosotros? Obvio, ¿no? Conocer los intereses, los tempos e, incluso, las manías de los profesionales con los que trabajamos no es un extra, es parte de nuestro trabajo.
Y no olvidemos otro factor clave: la disponibilidad. Se debe responder rápidamente, no esquivar preguntas e intentar facilitar información útil. Parece básico, pero no siempre ocurre.
Cuando las cosas se complican
Y llega el momento menos deseado: la crisis comunicativa. Aquí lo pondremos a prueba todo: la relación con los medios, la credibilidad construida y, sobre todo, el criterio informativo. El silencio puede parecer tentador, seguro. Pero a menudo es solo un espejismo. Porque, si tú no explicas qué está pasando, alguien más lo hará, ¡y quizás no te gustará cómo!
Esto no significa salir a hablar a tontas y a locas. Significa hacerlo con información contrastada, con coherencia, rigor y con un mínimo de honestidad. Reconocer errores cuando toca y explicar qué se está haciendo para corregirlos.
Gestionar un gabinete de prensa no es colocar titulares en los medios, es construir confianza y reputación. Y esto no pasa de un día para otro. Porque preguntémonos qué queremos: ¿el impacto puntual o una credibilidad a largo plazo? En la mayoría de los casos, no son exactamente lo mismo. Al menos en una comunicación responsable como la que queremos ofrecer en Intermèdia.